
Solución para esos molestos puntos fríos en el proceso de recocido del vidrio
Si alguna vez has trabajado con vidrios de formas complejas —con curvas profundas, cuellos estrechos o ángulos extraños— sabrás cuán problemáticos pueden ser esos “puntos fríos”.
Las lámparas IR convencionales son bastante básicas: emiten calor en línea recta. Si el calor no puede llegar a ciertas partes del vidrio, esas zonas permanecen frías. Cuando ocurre este tipo de situación, el vidrio se ve sometido a estrés. Y el vidrio bajo estrés… se rompe. Por lo general, en el peor momento posible.
El secreto está en el oro.
Utilizamos placas reflectantes recubiertas de oro para evitar que todo ese calor se pierda en las paredes del horno. Quizás te preguntes por qué el oro. No se trata de su belleza visual; simplemente, el oro es mucho más eficaz para reflejar la radiación IR de onda media y larga que el aluminio o el acero.
Al colocar estas placas detrás de los elementos calefactores, logramos atrapar la energía y dirigirla nuevamente hacia el vidrio. De esta manera, un haz de calor estrecho se convierte en un calor uniforme que envuelve completamente la pieza a tratar.
En los casos donde la forma del vidrio es realmente complicada, un calentador plano no sirve. En esos casos, curvamos las placas reflectantes para que se adapten a la forma del vidrio. Dado que el revestimiento de oro no absorbe la energía, los rayos IR pueden rodear completamente el vidrio. Así, el calor llega hasta las zonas más difíciles de alcanzar con luz directa. Es un alivio poder contar con una cobertura total sin tener que adivinar dónde estarán los puntos fríos.
Algunas cosas a tener en cuenta:
Estas placas reflectantes son muy efectivas. Debido a la alta densidad de calor, a menudo se puede reducir la potencia de la lámpara y aún así alcanzar la temperatura deseada. Es más eficiente.
Pero hay un problema: el oro es blando. Si tu taller está lleno de polvo abrasivo o gases corrosivos, ese revestimiento de oro podría dañarse. Una vez que se raye o se deteriore, se pierde su capacidad de reflexión. Es necesario proteger esas placas de impactos físicos y productos químicos si queremos que duren.
Lo mejor de todo: cuando las placas reflectantes están bien alineadas, no hay necesidad de esperar mucho tiempo a que el calor llegue gradualmente a los puntos fríos. El calor actúa directamente sobre el vidrio. Esto reduce el tiempo necesario para completar el proceso.